¿Es de justicia…?

Al escribir esto, me doy cuenta de la autocensura que está presente, no sé quién va a leerlo y qué consecuencias pueda tener, no para mí, sino para otros. A mí, aparte de dejarme sin trabajo, ¿qué otra cosa podrían hacerme?

El jueves fue presentado, en la Corte de Apelaciones de Temuco, un recurso de amparo en contra del Seremi de Serplac de La Araucanía, por las arbitrariedades cometidas en contra de mis colegas y de mí. De acuerdo al recurso, se han violentado derechos constitucionales: el derecho a propiedad y el derecho a la no discriminación.

Algunos, al interior de la Serplac, dicen que el Sr. Bustos actuó en contra de nosotros, porque así se lo exigió el Ministerio. ¿Exculpa eso al Sr. Bustos? ¿Quién dio nuestros nombres al nivel central?

La Corte acogió la admisibilidad del recurso y emitió orden de no innovar, esto es, mientras se tramita, se nos debe restituir nuestro trabajo.

Es extraño volver al trabajo en las actuales circunstancias de la Serplac. Tengo el cariño de muchas/os de mis colegas. En especial de mis compañeros de camino, que incluye alegrías y  penurias. Pero el ambiente general está enrarecido y, por otra parte, no me están derivando las tareas que solía hacer. Claro, si el Sr. Bustos dice que soy prescindible, no me va a dar trabajo que lo desmienta.

¿Por qué estoy en esta pelea? El máximo de tiempo que puedo ganar son los tres meses que me faltan para el contrato original, que caduca el 31 de diciembre. El mínimo son el mes o algo más que dure el proceso. Igual no me van a volver a contratar, aunque gane. Es un asunto de dignidad, de no quedarme tranquilo porque han pisoteado mis derechos, por la arbitrariedad de la acción emprendida por Mideplan contra mí. Podría estar tranquilo, planificando mi futuro, no soportando ver caras hoscas, ni siendo sometidos a las presiones porque me vaya, evitándome todo el lío judicial. Es el costo de recuperar la dignidad, de decir a esta gente, “no pueden hacer lo que quieran conmigo y quedarse tan tranquilos”. Es el costo de volver a tener la cercanía y el cariño de los que aún me quieren en la Serplac. Es un costo que vale la pena pagarlo.

Esta artículo fue publicado en Las peleas de un -casi- ex empleado fiscal, Mis pensamientos, Opinión. Guarda el enlace permanente.

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